El azul de su mirada era lo único que iluminaba aquel oscuro rincón dónde agazapada, esperaba la luz de la mañana.

De repente, un centenar de luciérnagas sobrevolaron su cabeza simulando en la negrura un cielo estrellado fugaz.

Asombrada por tan maravilloso espectáculo, no se atrevía a cerrar los ojos, por si volvía a ocurrir, no perdérselo en un parpadeo inoportuno…